Quebrada de la Chinchilla

Región de atacama, chile

La Quebrada de la Chinchilla se emplaza en la sierra Cachiyuyo de Llampos, la cual corre en dirección noreste–suroeste entre aproximadamente 35 y 70 km al norte de la ciudad de Copiapó.

Se trata de una quebrada o barranco caracterizado por laderas rocosas, vetas mineralógicas visibles, y llanos adyacentes (como el llano Piedra de Fuego al norte y el llano arenoso Llampos al sur).

El relieve es montañoso, con rocas y afloramientos minerales, lo que generó un contexto favorable para la explotación de minerales y para la fijación de manifestaciones rupestres.

Hay presencia de recursos hídricos puntuales, caminos de tránsito y valles intermedios que conectan el Valle del Copiapó con zonas altoandinas.

La imagen corresponde a una pintura rupestre de un camélido estilizado, ejecutada en pigmento rojo ocre sobre un soporte rocoso de tonalidades beige, ocres y grises oscuros característicos de las formaciones de la Sierra de Llampos. A pesar del desgaste natural, el motivo conserva suficiente definición para identificar su forma y rasgos principales. Se trata de un zoomorfo claramente identificable como camélido, probablemente guanaco o vicuña, la figura está representada en postura erguida, con el cuello elevado y la cabeza orientada hacia arriba o ligeramente hacia el costado, lo que podría sugerir alerta, movimiento o un gesto ritualizado.
El cuerpo se compone de un trazo continuo, fluido, sin segmentación anatómica marcada, las extremidades posteriores están claramente diferenciadas y abiertas, mientras que las delanteras se proyectan hacia adelante en una postura que sugiere desplazamiento o elevación. La postura erguida y la elongación de la figura podrían indicar un estilo local característico, y posiblemente una intención de reforzar la figura del camélido como animal clave dentro del paisaje cultural de la quebrada. La recurrencia de motivos zoomorfos en este sector confirma la relevancia del camélido como símbolo central en las prácticas sociales y cosmológicas de los grupos prehispánicos que habitaron o transitaron por esta quebrada.
La pintura rupestre corresponde a un motivo zoomorfo doble, compuesto por dos figuras de camélidos representadas con pigmento rojo ocre sobre un soporte rocoso de tonalidades gris-amarillentas. A pesar de la erosión y el desgaste natural, la silueta inferior principal se mantienen visible y preserva rasgos formales que permiten su identificación. Las dos figuras se encuentran superpuestas o yuxtapuestas, formando una composición dinámica que sugiere movimiento, interacción o una intención narrativa mínima. La figura superior presenta un cuello largo y elevado, extremidades delanteras extendidas y una postura que sugiere desplazamiento o salto. La figura inferior, también un camélido, muestra piernas estilizadas y prolongadas, muy características del estilo local, con una postura inclinada que sugiere descenso o movimiento lateral. Los cuerpos son alargados, de contornos finos y sin detalles anatómicos (sin diferenciación de orejas, pelaje, ojos u otros rasgos), lo que enfatiza la silueta como elemento expresivo principal.
El pigmento utilizado es un ocre rojizo, aplicado mediante trazo de grosor medio, manteniendo coherencia con otros motivos de la quebrada. Los camélidos constituyen un elemento central en el repertorio simbólico andino y atacameño. Los motivos dobles pueden interpretarse como representación de grupos o manadas, habituales en escenas de pastoreo o caza, también como marcadores simbólicos de rutas o territorios, siguiendo la movilidad de los rebaños o caravanas y por último un significado ritual, donde los camélidos funcionan como intermediarios o entidades protectoras del tránsito y la subsistencia. La posición superpuesta podría indicar una intención de transmitir secuencia, movimiento o multiplicidad, o bien superposiciones intencionales en momentos diferentes.