Salar de los Infieles

Región de atacama, chile

El salar se localiza a una altitud promedio de 3.520 msnm y en su imponente farellón de ignimbrita (ceniza volcánica) y sobre su blanca superficie se encuentran las pinturas rupestres prehispánicas con características antropomórficas, zoomórficas y geométricas. 

Las pinturas fueron realizadas con óxido de fierro (Fe203), en el sector alto del paredón de ignimbrita se distinguen excavaciones que se asocian a la extracción de estos pigmentos.
 La vegetación del salar se compone fundamentalmente de pequeños arbustos y pastos característicos de la alta estepa, con una temperatura media anual de 2° C.

Las seis figuras antropomorfas miden entre 1 y 4 metros de alto y están dibujadas de pie y en parejas sobre el panel de ignimbrita, son cuerpos humanos rectangulares con trazos rectilíneos que poseen túnicas con patrón moteado que emula la piel de ciertos felinos existentes en el aérea andina que simbolizarían el poderío de estos animales.

Todas las figuras llevan un tocado en la cabeza, que posiblemente pueden ser plumas, tienen un brazo levantado donde se distinguen tres dedos en sus manos, una de las parejas sostiene una especia de lanza en las manos.

Las figuras representarían a guerreros, personas danzando o la trayectoria de un desplazamiento, se estima que las pinturas rupestres fueron realizadas alrededor del año 800 d.C.

Esta figura rupestre corresponde a un antropomorfo pintado en pigmento rojo ocre, aplicado directamente sobre la superficie rocosa de textura porosa. La figura presenta un cuerpo vertical alargado, conformado por una banda roja continua que sugiere un tronco estilizado. Exhibe extremidades abiertas, los brazos se proyectan horizontalmente hacia ambos costados, uno de ellos más marcado que el otro. La parte superior muestra una cabeza esquemática, ligeramente más ancha, donde se distingue un contorno irregular que podría corresponder a un tocado, peinado o un recurso estilístico para diferenciar la cabeza del cuerpo. Se observan marcas internas dentro del tronco, posiblemente puntos, manchas o aplicaciones intencionales que podrían representar elementos corporales, pintura corporal, vestimenta simplificada o atributos simbólicos.
La base de la figura termina en dos extensiones cortas, interpretables como piernas esquemáticas. Por su forma, esta figura puede relacionarse con la tradición de antropomorfos esquemáticos propia del interior de Atacama y de sectores altoandinos cercanos. Estos motivos suelen vincularse a prácticas rituales o chamánicas, representaciones de ancestros o entidades tutelares, marcadores simbólicos de tránsito o uso del territorio o bien escenas ligadas a actividades de subsistencia. Su posición solitaria en el panel sugiere un gesto comunicativo o simbólico autónomo, más que una escena narrativa compleja.
La pintura rupestre corresponde a un motivo geométrico complejo, ejecutado con pigmento rojo ocre sobre el panel rocoso de textura irregular. Se trata de una composición no figurativa, de carácter fluido y continuo, que destaca por sus trazos ondulantes y por la superposición de líneas internas que generan una sensación de movimiento y profundidad. El motivo está compuesto por líneas curvas y ondulantes, aplicadas en un solo trazo continuo o en segmentos conectados que conforman un diseño cerrado. El contorno general adopta una forma orgánica, que recuerda a una figura biomórfica (posiblemente inspirada en formas naturales, animales estilizados o estructuras abstractas relacionadas con el paisaje). En su interior se observan trazos secundarios paralelos que replican el contorno exterior, generando un efecto de “doble pared” o de capas concéntricas. El pigmento presenta variaciones de intensidad, con zonas más densas y otras más diluidas, probablemente debido al desgaste natural y a la absorción irregular por parte del soporte.
Su interpretación sigue siendo abierta, pero se han propuesto varias posibilidades: Símbolos rituales o chamánicos, asociados a estados alterados de conciencia o visiones entópticas (patrones internos de la percepción humana). Mapas simbólicos o representaciones del paisaje, cursos de agua, rutas de tránsito o lugares significativos. Zoomorfos altamente estilizados, donde el diseño deriva de la simplificación extrema de un animal o figura natural. Representaciones vinculadas a prácticas de marcaje territorial, circulación caravanera o señalización social. La estructura interna en capas y la fluidez del trazo sugieren una intención estética o simbólica más que una figura estrictamente representacional. Su presencia en el Salar de Infieles, junto con antropomorfos y otros motivos, confirma que el sector fue un espacio importante en la movilidad, ritualidad o actividades simbólicas de grupos indígenas prehispánicos. Este tipo de diseño refuerza la idea de un paisaje con múltiples significados, donde las rocas funcionaban como soportes de memoria, identidad o comunicación.